lunes, 5 de abril de 2010

Putu: A long and winding road


Efectivamente, al haber abrazado la misión en Putú, hemos asumido una responsabilidad GIGANTE con esa preciosa comunidad de hermanos y nos hemos comprometido, como Iglesia Anglicana de Chile, a caminar por una senda larga y sinuosa que no podemos abandonar.



Partimos el Viernes Santo, a las 08:00 horas desde la Iglesia de La Trinidad, rumbo a Putú, en dos buses grandes, con 80 misioneros de nuestra Iglesia y 20 voluntarios del Techo para Chile., con la misión de levantar 20 casas. La camioneta de Jorge Lira encabezó la caravana, con una bandera chilena que flameaba al tope y nos animaba a todos.











Hicimos un aro en el camino, para recoger a una misionera que se unió al grupo en Rancagua y seguimos viaje, con mucha alegría y entusiasmo.

Llegamos a Putú, pasadas las 15:30 horas y los equipos se trasladaron inmediatamente a sus habitaciones en el Internado de Putú, usando el mismo criterio de distribución de habitaciones que hemos usado desde el comienzo de nuestra misión: (mujeres en el primer piso y hombres en el segundo piso).

Lamentablemente surgió una pequeña desavenencia entre los líderes de nuestro equipo y algunos de los los voluntarios del Techo para Chile, que acostumbran a alojar todos juntos, en un mismo recinto.

Luego de una conversación guiada por el Señor, no quisimos ahondar en nuestras diferencias y terminamos la conversación diciéndoles que Jesús nos ama y tiene un maravilloso plan para cada uno de nosotros, después de lo cual los voluntarios de Un Techo para Chile se acomodaron en una sala que acondicionaron como dormitorio y luego hubo mucha paz.

Esa misma tarde, se conformaron las 20 cuadrillas de trabajo encabezadas por un líder del TPCH y salimos en grupo, a reconocer el terreno donde se levantarían las primeras 20 casas que habíamos venido a construir. Cada una de las casas estaba apartada, una de la otra, en caminos angostos y de tierra, por donde era imposible realizar el reparto de las cuadrillas en los buses que estaban considerados para ese trabajo. Hubo que hacerlo en 2 camionetas, desde un punto de reunión, lo que fue uno de los factores de atraso.

El otro factor que atrasó la operación, fue el hecho de que las casas no estaban en cada uno de los sitios donde se tenían que levantar, como tampoco llegaron todas las piezas y partes en un solo embarque, lo que se completó en 2 etapas. Finalmente y por razones que habrá que investigar, las 20 puertas venían sobre dimensionadas, respecto al marco de la puerta, lo que originó atrasos y una mayor carga de trabajo en la ejecución del proyecto.

Pese a todo, el ánimo y espíritu de los equipos no decayó nunca y cada contratiempo parecía fortalecer más y más a los voluntarios y misioneros que conformaron este maravilloso grupo de "trabajadores para el prójimo".

El sábado en la mañana, comenzamos con un devocional, al que asistieron todos los integrantes del equipo y el Señor nos habló con claridad, a todos nosotros, sobre el amor en el servicio:


1
Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, 2 llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. 3 No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. 4 Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.
5 La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, 6 quien, siendo por naturalezaa]">[a] Dios,
no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
7 Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza de *siervo
y haciéndose semejante a los seres *humanos.
8 Y al manifestarse como hombre,
se humilló a sí mismo
y se hizo obediente hasta la muerte,
¡y muerte de cruz!
9 Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo
y le otorgó el nombre
que está sobre todo nombre,
10 para que ante el nombre de Jesús
se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra
y debajo de la tierra,
11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.
Efesios 2:1-11


Las palabras del Señor nos transformaron, recuperamos el espíritu de cuerpo y cada equipo salió a servir al Señor con regocijo.

Al igual que en misiones anteriores, se formaron otros equipos de trabajo, aparte de aquellos que participaron en la construcción de casas.

Hubo un maravilloso equipo de belleza, manicure y peluquería que entregaron alegría y una palabra de aliento a los cientos de interesados en lograr un new look.

Hubo mucha belleza,




Donde además, se hizo un muy buen trabajo de contención, con jóvenes y adultos.





















El equipo de jóvenes hizo un trabajo ejemplar con los niños de Putú, organizando juegos, obras de teatro y competencias que alegraron el corazón de los niños y recibieron la Palabra del Señor, durante todos los días que duró esta misión.







Llevaron alegría y el Evangelio a los niños de Putú, realizando un trabajo en excelencia.

Las imágenes hablan más que mil palabras.










Las expresiones y muestras de cariño se repetían vez tras vez, lo que animó a cada uno de nosotros en esta misión de servicio, entrega y amor al prójimo.





Los niños miraban asombrados, el trabajo de nuestros jóvenes ...












Una mención muy especial merece el equipo de la cocina, porque trabajaron con amor y en excelencia, para alimentar a más de 100 personas, con un menú muy variado y exquisito, que permitió que todos renováramos fuerzas para seguir con este hermoso trabajo para la Gloria del Señor.


¡Gracias queridos hermanos, por alimentarnos en cuerpo y espíritu!

El viaje no estuvo exento de frustraciones y una de ellas fue el haber llevado una máquina, que al final no sirvió para nada.

La máquina tenía un aspecto increíble, que atrajo la mirada de muchos de los voluntarios y la llevamos precisamente, para "facilitar" el trabajo de instalación de pilotes, con el objetivo de evitar el trabajo más duro que nos demanda "el chuzo" en estas tareas.

Lamentablemente la máquina no funcionó y el trabajo se tuvo que hacer íntegramente a chuzo, pala y esfuerzo humano, sin dejar de mencionar que este equipo se paseó una tarde entera, con la esperanza de que cumpliera con su objetivo.

Ahora les puedo decir con propiedad, que uno propone y el Señor dispone.

Dediqué mi tiempo a visitar personas, a conversar con la gente, a hacer contención y a preparar la segunda columna de nuestro blog.


Eso me llevó a caminar por el pueblo, viendo las escenas de destrucción que se repiten en cada cuadra, esquina y rincón.






Viejas puertas que vieron pasar a muchas generaciones de sus moradores, por sus umbrales,
















y ventanas por las cuales, ya nadie mira el porvenir.

Grietas en las fachadas y en el alma de mucha gente, que estamos llamados a curar, dando a conocer el Evangelio.

















Tejas de greda que se han desordenado y destruido con el terremoto y que ya no sirven de techo ni de abrigo a sus dueños.

Este terremoto ha dejado al desnudo, la fragilidad de nuestras posesiones materiales, frente a la tremenda fortaleza que nos da el Señor, en amistad y amor.

















Todos los equipos trabajaron sin descanso, hasta completar sus respectivas tareas, en excelencia, con compromiso y para la Gloria de nuestro creador.

Vimos caras sonrientes que se alegraban de volvernos a ver; como la de don Juan Poblete de 85 años de edad, la Sra. Mariana Letelier, coordinadora general para Putú, de las actividades de reconstrucción impulsadas por el municipio, don Tito y Sra. Rosa, don Jimmy de la radio local, don Nicanor y la Sra. Elena, Carabineros de Chile, vecinos y niños que nos reconocían y nos gritaban "¡Tío!" "¡Tía!", con una inmensa alegría.

En una de mis tantas conversaciones con la gente del pueblo, alguien me dijo: "ustedes han marcado la diferencia, porque no sólo nos han traído ayuda material, sino que nos han ayudado con lo que tenemos adentro", pero algunos sienten temor de que dejemos de ir, cuando llegue el invierno y ¡eso no lo tenemos que permitir!


Mientras esperábamos la llegada de los buses, para regresar, nos vino a ver esta joven de 17 años y nos ofreció un recital de canciones, en agradecimiento a nuestro trabajo. Ella tiene 17 años y el Señor le dio una voz maravillosa que nos sorprendió a todos por su claridad, afinación y registro.

Sueña con perfeccionarse en canto y con estudiar enfermería, pero sus padres no la dejan venir a Santiago por temor a los peligros que encierra una ciudad grande, lo que ciertamente limita su desarrollo profesional, pero nos comprometimos con ella, para ir a visitar a sus padres y establecer una relación con ellos y construir confianzas.

Minutos antes de subirnos al bus, vimos a un hombre de edad que esperaba nuestra partida en silencio. Pamela se acercó a él y le preguntó ¿En qué le puedo ayudar? y él le entregó una bolsita con uvas blancas "en agradecimiento a lo que ustedes han hecho por mi pueblo" y no pudimos dejar de acordarnos de la generosa ofrenda de la viuda.

Regresamos el domingo, como a las 21:30 horas en ambos buses y llegamos a casa, cerca de las 4:30 de la madrugada de hoy, lunes 5 de abril, agotados pero con la alegría de haber servido a nuestros hermanos de Putú.

No quiero dejar pasar esta oportunidad para agradecer a todos y cada uno de nuestros hermanos, por su excelente trabajo, amor y compromiso con la causa del Señor.

Toda esta experiencia ha sido de una gran bendición para nosotros, nuestra Iglesia y para los habitantes de Putú y sus alrededores.

Hay mucho por hacer.

¡Vamos a servir al Señor! Serviremos al Señor.

¡Aleluya!

Iglesia Anglicana de Chile
Hugo Donoso Palacios
Ministerio de Misericordia





























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